Kritik

CRECE SALVAJE, LA FLOR DE LA CÓLERA DE VIEITES

ALFONSO DE LA TORRE
Hay algo telúrico en el quehacer de Emilio Vieites (Cartagena, 1972). Volví a ver sus pinturas y los títulos, luego leí sus palabras conducentes hacia otra voz que había pensado omitir: “salvaje”. Retorné entonces al verso de Bernhard: salvaje crece la flor de su cólera1. Y pienso que no es extraño que en ocasiones hayamos referido entrambos, con admiración, a Manolo Millares, un pintor ético que buscaba la dimensión perdida, inatrapable en lo desconocido misterioso de la arpillera. Écfrasis este libro “La voz de tu pincel”, elucidario que tienta con la palabra desvelar los enigmas de las imágenes de Vieites, iluminar la sombra, evocando el tembloroso verso de María Teresa Cervantes. Su sombra, nuestras sombras, tanta sombra. Como decía Nabokov, nuestra breve existencia no es más que una breve rendija de luz entre dos eternidades de tinieblas2.
Fulgor y ética también, Vieites es artista ejerciente de las preguntas, hay algo de elegíaco en la denodada brega con el signo y el color de su obra, estallidos de luz de aire brut, pintura cósmica, alta hora de la metamorfosis sígnica lanzada con violencia a la inmensidad del espacio pictórico. Como haciendo compatible lo sublime con lo intenso misterioso, en sus pinturas como instantes (la cita de Tagore que abre esta publicación), Vieites procede a la construcción de relatos a la par que, esquivando un prolijo explicar, semeja disgregar el sentido suscribiendo la dicha torneriana del pensar3, el artista sería así no tanto un buscador de respuestas como un ampliador del enigma: “el arte no enseña con respuestas, sino con la ampliación de las preguntas”4. Establece nuestro artista una propuesta pictórica misteriosa, luego invierte el sentido: ese será el nuevo sentido pues la interioridad está en juego. Fronteras del vivir al cabo, como anunciaría el visionario místico André Pieyre de Mandiargues5 refiriendo al “poeta insurgente” e “iluminador” creando desde su “observatorio pasional”, nuestro tiempo exige un nuevo lenguaje artístico. Un léxico distinto, otro, artistas insultando a la belleza6, exhalando una renovada palabra capaz de “hablar a los hombres el lenguaje de todos los hombres y hablar, empero, un lenguaje por entero nuevo, infinitamente precioso y simple (…) dolores comunes a todos para hacer estallar un esplendor único”7. Será éste un terrible don, abrazando el arte de nuestro tiempo.
Sacral y mítico, como ahondando en un pasado inmemorial, es también su quehacer la muestra de una pintura de sueños lúcidos. Vieites ilumina nuestra vida con sus creaciones como relámpagos.

N O T A S A L T E X T O 1 BERNHARD, Thomas. In hora mortis/Bajo el hierro de la luna. Barcelona: DVD Poesía, 1998, p. 15. 2 NABOKOV, Vladimir. Habla, memoria. Barcelona: Anagrama, 1994, p. 21. 3 Texto de Gustavo Torner, citando “El Aleph” (1945-1949) de Borges, para la exposición en la “Institución Fernando el Católico” en Zaragoza, 1958. Gustavo Torner, “¡Oh dicha de entender, mayor que la de imaginar o la de sentir!”, texto extraído del catálogo: “Torner”, Ediciones Rayuela, Colección Poliedro, Madrid, 1978, pp. 7-8. 4 En: TORNER, Gustavo. Gustavo Torner entrevista a Gustavo Torner. En Gustavo Torner. Escritos y conversaciones. Valencia: Pretextos, 1996, p. 104 5 PIEYRE DE MANDIARGUES, André (Paris, 1909-1991) escribió en “Des Visionnaires” (“XX Siecle”, Paris, XII/1961). 6 En el conocido prólogo a su « Une saison en enfer » : “Un soir, j’ai assis la Beauté sur mes genoux. − Et je l’ai trouvée amère. − Et je l’ai injuriée”. 7 PIEYRE DE MANDIARGUES, André. Préface a Capitale de la douleur. París : Gallimard-Poésie, 1966, p. 7. El término de “poeta insurgente» le pertenece también. Ibíd. p. 5; otrosí el de “iluminador” y “observatorio pasional”. Ibíd., p. 8.

LA CALIDEZ CÓSMICA EN EMILIO VIEITES

Ante la (no se me ocurre un calificativo más elogioso y preciso) abismante obra artística de Emilio Vieites Aguiar, conocido por su acróstico «EVA», uno no puede dejar de pensar en su formación en ciencia física y en astronomía, pues los pinceles fueron un amor relativamente tardío. El expresionismo de Vieites, en mayor o menor grado de abstracción, es, justamente, la escuela pictórica que utiliza el Universo para manifestarse al ojo humano, desde el «Big Bang». El Destino (también llamado Providencia) dicen que es irónico, pero el Universo también: su diseño visual es de rabiosa vanguardia en el mundo del arte, a pesar de la incalculable distancia temporal que nos separa de su inicio.

Con qué perfección Vieites consigue sugerir la abstracción cósmica en sus cuadros, sin duda resultado de una mirada entrenada, previamente a su dedicación a la pintura, en la amenazante indiferencia de esta inmensidad que nos rodea. O tal vez no haya tanta indiferencia: el Universo en la obra de Vieites tiene, sin duda, temperatura humana. No es un caos permanentemente hostil, sino que contiene significados alentadores para los pobres seres mortales. La esperanza, la compasión, la bondad… Un Cosmos puede que caprichoso y anárquico, pero con un confortador mensaje final.

Nada de extraño que Vieites haya acompasado su obra a motivos y empresas solidarias con los desfavorecidos o el Tercer Mundo, o con los estragos en la conciencia de la civilización que supuso el 11-S en Nueva York. Fuera de sus retratos de personajes concretos, los rostros alegres, concentrados o temerosos que aparecen en su obra parecen fijados al exterior del lienzo con unos ojos que, constantemente, tienen un brillo volcánico y de incandescencia recién enfriada, como si fueran de obsidiana. Son los ojos en los cuadros de EVA con que los grandes asuntos de la existencia nos contemplan, diríase que a millones de años luz de distancia. A veces esos ojos demasiado humanos son, casi, el único elemento identificable que emerge en la obra de EVA, asomándose al cuadro desde una especie de constelaciones en continua formación, de un turbión de polvo de estrellas, de unas manchas de colores que parecen esconder toda la información sobre la sufriente especie humana.

Por ejemplo, es imposible no sentir una debilidad muy especial por los azules casi fosforescentes, quién sabe si extraterrestres de Vieites, donde parece morar una gran Conciencia confortadora. No me resisto a pensar, por usar un referente estético y moral reciente, en la misteriosa película, tan pictórica, «El árbol de la vida», del irreprimible místico Terrence Malick. En esta obra, el inconmensurable expresionismo silencioso del Universo tiene repercusiones a escala humana. En cada ser humano hay un por qué. Como en los cuadros de Vieites, al que se podría aplicar la misma cita del Libro de Job que abre la obra de Malick: «¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la Tierra, entre el clamor a coro de las estrellas del alba y las aclamaciones de todos los hijos de Dios?».
Pedro Alberto Cruz Sánchez
Doctor en Arte

Peindre l’espérance

Avant ce 28 avril 2016, jour où, avec nos amis du Centre UNESCO de Murcie et de la Fédération espagnole, nous avons présenté le projet solidaire avec les communautés indigènes du Paraguay, dans l’amphithéâtre du Rectorat de l’Université Miguel HERNANDEZ de Elche, j’ignorais tout de l’œuvre d’Emilio VIEITES AGUILAR.
Sur la tribune de l’amphithéâtre, deux de ses œuvres étaient offertes au regard. En réalité, au-delà de notre regard, c’est à notre réflexion militante qu’invitaient ces portraits, l’un de Mandela, l’autre de Gandhi. Deux lumières vives pour conjurer l’obscurité du chemin, appelées à nous guider longtemps après que ces deux géants nous aient quittés.
Cependant, une lumière qui ne s’entretient pas n’est-elle pas appelée à faiblir sous les coups de vents répétés de la bêtise et de l’égoïsme, voire à disparaître dans la tourmente de la barbarie où naufragent les frêles esquifs perdus en Méditerranée, dont les enfants morts seront rejetés sur les plages de l’indifférence ?
Il faut alors toute la magie de l’art, il faut tout le travail assidu et volontaire du peintre afin, qu’au-delà de l’évocation des mots, un visage s’imprime avec toute la générosité d’une humanité accomplie, victorieuse des humiliations imposées par les lords arrogants de l’Angleterre impériale ou des brutalités des boers de Robben Island. C’est là le cadeau précieux que nous délivre Emilio. C’est ainsi qu’il peint l’espoir, cet espoir sans lequel toute marche deviendrait vaine et épuisante.
Par le pinceau et la palette d’Emilio, les sourires de Mandela, de Gandhi, de Miguel Hernandez prennent vie sur la toile et, malgré la dureté des temps, nous invitent à ne pas désespérer de notre balbutiante humanité. C’est là toute la vertu du peintre. Imaginons un monde privé de ces regards de lumière ; imaginons un monde où Goya n’aurait pu peindre « El 2 de mayo », « El 3 de mayo », un monde sans Delacroix et « La liberté guidant nos pas » !
Emilio guette le monde ; par la puissance de ses pâtes rouges et ses ocres, il en retrace les souffrances et les errements. Face à ces tours de Manhattan s’effondrant sur elles-mêmes, signe de la fragilité d’une société de privilèges qui, assurée de sa toute puissance, pouvait se croire à l’abri des assauts aveugles d’hommes en déshérence livrés à la barbarie ; ce sont nos interrogations, nos doutes et, plus encore, nos craintes qui apparaissent dans l’épaisseur des pâtes couchées sur la toile. Ainsi, le peintre, en nous retenant devant sa toile, captant notre attention, nous invite à la réflexion. C’est le moment où, acceptant de stopper notre course incessante vers des choses toutes plus futiles et vaines les unes que les autres, nous fixons notre pensée sur les questions du peintre, éveillant ainsi notre conscience à l’unisson des préoccupations qui ont guidé sa création.
Mais laissons là, pour un instant au moins, nos doutes et nos peurs. Aux côtés des grandes figures généreuses dont Emilio a fixé les messages d’humanité, il y a, dans sa grande galerie de sentiments, une multitude de beaux visages porteurs d’espoir. Visages d’enfants, en très grande majorité ; preuve sensible s’il en fallait, qu’au-delà des errances adultes dont nous nous sommes rendus coupables, l’enfance persiste à sourire à la vie. Regards profonds, faits de tendresse et de confiance, qui devraient nous convaincre des responsabilités qui sont nôtres pour l’édification d’un monde de paix, de justice et de fraternité.

Ainsi, mon ami Emilio est-il le peintre de l’espérance.
Il me dit avoir été sensible aux mots qu’il m’a été permis de prononcer pour célébrer notre solidarité à l’endroit de nos amis du Paraguay. J’en ai été touché et rassuré.

Mais les mots restent bien faibles au regard du talent que tu possèdes, mon Cher Emilio, celui d’inscrire dans la permanence du temps les questions qui nous taraudent mais, plus heureusement encore, les espoirs que nous persistons à nourrir pour croire possible un monde meilleur et beau.

Peins, mon Ami Emilio, et que ta peinture nous soit cet aliment d’espérance dont nous avons tant besoin !

En pleine fraternité.

Yves LOPEZ
Président de la Fédération française pour l’UNESCO (FFPU)